Son barreras que se colocan transversalmente     a la trayectoria de las piedras en su caída con     el fin de detenerlas, sustituyendo la rigidez     características de las barreras estáticas por     deformación plástica.

     Están formadas por redes metálicas de alta      resistencia hechas con cable de acero y      ancladas al terreno mediante postes, en los      cuales se instalan disipadores de energía (en      el argot "frenos") que actúan a fricción o a      cortante absorbiendo la energía cinética que                                                                       lleva la roca.

En nuestro país se empiezan a instalar en la década de los 80, como medida pasiva de protección, habiendo alcanzado en la actualidad una difusión muy importante por la efectividad demostrada en la lucha contra desprendimientos.

El diseño apropiado para una localización particular depende de la topografía del
terreno, de las cargas de impacto, de la
altura de rebote de las piedras, y de la
capacidad de amortiguación del terreno.

En el mercado existen en la actualidad
barreras cuyo rango de capacidad de
absorción de energía  varía entre
250 Kj y 3.500 Kj, con capacidades
aún mayores en fase de experimentación.


(Un bloque de 2.500 Kg ( 1 m3.) cayendo en caída libre desde 100 m. de altura desarrolla una energía cinética aproximada de 2.500 KJ).

El montaje de estas barreras debe ser realizado por personal muy especializado, entre muchos motivos por situarse frecuentemente en emplazamientos de difícil acceso.

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